El ex campeón mundial mediano de la AMB dejó una huella imborrable no solo por sus hazañas dentro del ring, sino también por su compromiso social en los barrios más postergados.
Nacido en Caleta Olivia, Santa Cruz, Castro forjó una carrera boxística inolvidable marcada por el coraje, la potencia y un estilo frontal que cautivó al público. Su pico de gloria llegó la noche del 10 de diciembre de 1994 en Monterrey, México, cuando protagonizó una de las definiciones más épicas en la historia del pugilismo mundial frente al estadounidense John David Jackson. Prácticamente noqueado de pie y con ambos ojos cerrados por el castigo, sacó de la nada una zurda demoledora que dio vuelta la pelea para retener la corona del mundo, una hazaña recordada para siempre como una lección de pura guapeza deportiva.
Lejos de los flashes y el retiro profesional, el «Roña» eligió volcar su popularidad y esfuerzo a la ayuda comunitaria. A través de sus comedores y merenderos solidarios, brindó un plato de comida y contención a cientos de familias y chicos en situación vulnerable, convirtiéndose en un referente barrial que jamás olvidó sus raíces.
Con su partida, el boxeo pierde a un campeón de raza y la sociedad a un hombre generoso que supo tender la mano cuando más se necesitaba.







